Para
el Comité de Familiares de Detenidos-Desaparecidos
en Honduras (COFADEH), la Marcha Nacional por la Vida, resultó
un ejercicio exitoso de participación ciudadana contra
toda adversidad, nos ha dejado extraordinarias lecciones al
movimiento social y al país en general.
Los efectos, en su mayoría positivos, están
mezclados lamentablemente con hechos negativos que debemos
denunciar sobre la instancia de compromiso ambiental entre
el Gobierno y los representantes de la Marcha Nacional por
la Vida.
EL saqueo desesperado de los cortadores ilegales
de madera, auténticos criminales del bosque, quienes
han entrado en frenesí después de la Marcha
ante la petición de una veda escalonada que empiece
en el Departamento de Olancho.
La intolerancia del Ministerio de Gobernación
al expulsar al ciudadano español Miguel de Arriba que
ejerció su derecho a la libertad de expresión
durante 13 años entre nosotros, y que fue entusiasta
reportero electrónico de la Marcha por la Vida.
El despido abrupto del Coordinador Nacional del
Movimiento de Delegados de la Palabra de Dios, Rufino Rodríguez,
quien tras concluir la conducción de la Marcha desde
Oriente recibió su cancelación en la Municipalidad
de Danlí, acompañada de amenazas verbales del
Gobernador Político del Departamento de El Paraíso,
por haber encabezado esta cruzada por la vida de los hondureños.
La censura impuesta a sacerdotes y laicos que
trabajan en los medios católicos a nivel nacional respecto
a la cobertura de la Marcha, acompañada de campañas
difamatorias en su contra, por presiones directas del Gobierno
de la República sobre la jerarquía capitalina.
Pero la Marcha por la Vida también nos ha dejado la
convicción de una población organizada y no
organizada que está lista para la solidaridad en la
defensa de sus recursos naturales.
Una Iglesia de base, que venció la confusión
y el miedo de su jerarquía capitalina, y que no le
importó enfrentar con Fe la inconsistencia del Gobierno.
Una comunidad internacional sensible al respaldo político
de las acciones de resistencia cívica por la vida en
Honduras, sin importar la hostilidad y el encierro del Gobierno
local.
La Marcha, ciertamente, abrió la voluntad política
del Gobierno para tomar acción a favor de los recursos
naturales en los cuatro puntos del país. Confiamos
que esta energía social limpia, digna y honesta de
las comunidades no sea defraudada con dilatorias.
La Marcha nos deja a todos la lección que el pueblo,
antes que seguir consignas o manifiestos, está dispuesto
a perseguir objetivos de futuro, desde la proximidad de sus
intereses y creencias.
En esta oportunidad anunciamos para fecha inmediata un Acto
Público de Rendición de Cuentas de la Marcha
Nacional por la Vida, no sólo detallando los lempiras
invertidos en su organización y realización,
sino también denunciando los obstáculos que
hubo que vencer y las puertas que tuvimos que abrir.
De los Hechos y los Hechores
¡Ni Olvido Ni Perdón!
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