Después
de 7 días de convivencia solidaria con la población,
a lo largo y ancho de cuatro carreteras que conducen a esta
Capital, finalmente estamos aquí.
Unas veces empapados por la lluvia y otras veces quemados
por el sol, así avanzamos kilómetro tras kilómetro,
por un objetivo común: la vida.
- Vigilados
y asechados por tierra y aire.
- Amenazados
con deportaciones y juicios.
- Cuestionados,
a veces, por los mismos que debían apoyarnos.
- Censurados,
a veces, por los propios hermanos que debían dejar
guardados sus miedos en otro lugar.
- Advertidos
de lo peor, de todo lo peor, por las propias autoridades
del país, que tienen miedo cuando el pueblo toma
la palabra.
Pero
finalmente estamos aquí.
Pero esta ciudad no es la meta, lo hemos dicho muchas veces.
Aunque aquí reside la voluntad política para
cambiar algunas cosas, la verdadera voluntad está en
ustedes, está en nosotros, en el lugar donde residimos,
allí donde convivimos con la Naturaleza.
Debemos reconocer que en cada una de las cuatro rutas recorridas,
hemos vivido siete días de fiesta solidaria con las
poblaciones, que compartieron comida, agua, frutas, sábanas,
jabones, hospedaje y alegría. Ellos financiaron esta
Marcha. Ellos son los dueños de esta Marcha.
Todas las poblaciones residentes a la orilla de las carreteras
y quienes se conducían en vehículos se apropiaron
de esta Marcha, ellos son los que verdaderamente se apropiaron
de la Marcha. Esto significa que la Marcha pasó por
sus cabezas, por sus conciencias y por sus vidas.
El pueblo está claro que nadie más hará
por él lo que él mismo no esté dispuesto
a hacer.
Y por años el pueblo ha visto pasar a políticos
corruptos por puestos públicos, desde donde entregan
los bosques, las minas, las lagunas, las playas y las tierras
a los capitales extranjeros, que ni siquiera sabemos sus orígenes.
Las llamadas autoridades gubernamentales han abusado de su
poder, para enriquecerse ellos y sus grupos, y dejar al pueblo
en la miseria.
El pueblo está claro de eso.
Y una vez más repetimos: no somos los defensores de
la vida ni los maestros ni los sindicalistas ni los defensores
de los derechos humanos, los responsables de la inestabilidad
social y la crisis política actual.
Los responsables de la crisis actual son la corrupción
que produce miseria, la injusticia que produce desasosiego
y la miopía de una clase política voraz, que
tiene boletos de avión para marcharse con nuestras
riquezas naturales al unirse las voces del pueblo. Al ponerse
la cosa color de vida.
Creo que algunos están haciendo maletas ya, pero eso
no nos importa tanto como hacer nuestras propias maletas hacia
nuestros lugares donde vivimos junto a los recursos naturales
que valen más que oro.
Nosotros estamos amparados en el artículo 65 de la
Constitución de la República, que reconoce el
derecho a la vida, y en el artículo 80, que reconoce
nuestro derecho a la petición.
Estamos pidiendo, a quienes se supone tienen el poder para
tomar decisiones, que paren la destrucción de los recursos
naturales.
Ya no podemos tolerar los cortes ilegales, las subastas de
madera por el propio Estado, la destrucción de la biodiversidad
en el Sur, la minería a tajo abierto en todo el país
ni la contaminación de nuestras aguas.
No podemos permanecer quietos ante la entrega de las riquezas
naturales a quienes no las cuidan, a quienes solamente las
convierten en dinero, en destrucción y muerte.
Hemos escogido el camino de la resistencia pacífica,
como lo hizo Gandhi o Martín Luther King.
Hemos escogido el camino de la paz, como lo hizo San Francisco
de Asís, pero también hemos escogido el camino
de la dignidad y la vida, como lo hace el pueblo hondureño.
No dudamos del espíritu general de las leyes, pero
sí dudamos del espíritu general de quienes las
hacen y de quienes las aplican.
Hemos venido en esta Marcha Nacional por la Vida para demandar
del Gobierno varias decisiones, también de la comunidad
internacional y de nosotros mismos.
Hemos venido para felicitar a los hermanos de La Labor, Ocotepeque,
que encontraron en la unión la fuerza para expulsar
a una compañía minera que haría explotar
sus fuentes de agua dulce, dentro de su bosque nublado de
Guisayote.
Hemos venido para felicitar los esfuerzos de El Rosario, Comayagua;
del Valle de Siria, en Francisco Morazán; de Guinope
en El Paraíso; de Aramecina, en el Sur; de los pescadores
del Golfo de Fonseca y los habitantes de Olancho, entre otros,
por haber entendidos que la vida se defiende en el lugar donde
vivimos, allí donde convivimos con la Naturaleza.
Y como dice un periódico de aquí de Tegucigalpa:
¿Qué sigue?
Sigue el diálogo y la demanda.
Sabemos que ahora el Presidente tiene enfrente las reclamaciones
de Hondutel, de los médicos internos, de las enfermeras,
del Bloque Popular, de los maestros, del INFA, de la Secretaría
de Cultura, de los empresarios, del Fondo Monetario... de
mucha gente.
Pero a quien andamos buscando es a él, concretamente
buscamos su voluntad política y concretamente andamos
buscando al pueblo, la voluntad del pueblo, que es la fuente
de donde emana la soberanía. En definitiva es el pueblo
quien manda.
Todo sea hecho por la vida.
¡Sigamos siempre en Marcha!
¡Muchas Gracias! |